miércoles, 3 de enero de 2007

BREVEDAD DE LOS CIGARRILLOS


Seré una oveja negraPero mis pezuñas son de oro.


P.B JONES(Bajo los efectos de la gripe)





Dedicado a los de plan travesti




Sea un travestí pitando su húmedo piel roja en alguna esquina del barrio Santa fe, un mediano ejecutivo pidiendo con fingida decencia “por favor un Marlboro”, o una niña precoz fumando a escondidas las colillas de su hermano el punk; los cigarrillos contienen la brevedad necesaria para contar una historia, no al estilo de Jim Jarmusch donde estos se acompañan con café tinto, y el blanco y ne gro de la pantalla acentúa un amargo encuentro entre Tom Waits e Iggy Pop. Más bien esta será una historia rara e incluso breve, la historia de alguien que empieza diciendo: fumas? Y en la pregunta esta contenido un oscuro propósito.Había una vez un hotel en pleno centro de Bogota, también una biblioteca publica y un museo, lugares que solía frecuentar en esos primeros días en una ciudad que es como una maqueta de césped y vidrio por un lado, y por el otro es una callejón infestado de orines y eses de una legión que subsiste bajo los ductos y las piezas de mala muerte del centro y sur de la ciudad.Fumas?, me dice el sujeto que me ha venido siguiendo desde que salí del museo de arte moderno, luego de haber visto lo que podría llamar esa precaria exposición de David Hockney. Basta con un leve movimiento de mi cabeza aceptando su invitación y ya estoy sentado en una de estas cafeterías del centro, con sus inmensos vidrios panorámicos, a través de los cuales uno ve desfilar a ese pastiche citadino, tan riguroso y afanado al mismo tiempo. Hacia donde se dirigirán, me pregunto. Cuando se habla con un desconocido, al menos en mi caso siempre empiezo mintiendo:-Me llamo Alejandro…si, acabo de llegar a esta ciudad…no, no conozco a nadie…¿casa?,no amigo un hotel aquí a unas cuantas cuadras…uhmm, la cuna de Venus se llama…¿Cuánto?,quince mil pesos diarios.Es la Normanda café del centro uno de los lugares donde se puede hablar y sobre todo fumar con tranquilidad desde que se puso en marcha aquella ley sobre fumar en recintos cerrados. Me siento cómodo realmente y este tipo me resulta agradable, al menos lleva puesto un buen traje, sin hilos sueltos ni remiendos, una bonita corbata de tono cobrizo y plateadas mancornas en los puños. Su rostro es saludable, luce como si acabara de salir de una ducha con agua caliente. Tiene unos cuarenta años aproximadamente, me dice que trabaja para gente importante, que tiene su auto aparcado aquí cerca, que le gusta el centro y su gente, bla bla bla, que le gusta hacer amigos, muchos, bla bla bla, que desde hace años anda buscando no se que cosa, bla, bla, bla.-Bueno mi amigo aquí tienes lo que buscabas, le digo. El comentario le arranca una corta sonrisa que me permite ver sus dientes, largosy filosos, levemente manchados por el cigarrillo pero pulcros.-Un trago? Me dice.El sabor del Vodka es único, un agua fuerte ligeramente aderezada, que en un clima como el de aquí cae de maravillas a cualquier hora, mas cuando ya empieza a caer la tarde y los cerros se cubren de una gasa espesa, una cortina helada que desciende hasta las calles de bogota haciéndolas lucir mas tristes que de costumbre.Luego de beber un par de tragos esta charla se va haciendo más amena, al punto de tocar ciertas infidencias. W es un tipo realmente fascinante , tiene un agudo sentido del humor, del otro lado del vidrio del lugar vemos pasar a un curioso personaje, una vieja gloria del boxeo, un hombre negro vestido con una chaqueta de cuero que llega un poco mas debajo de su cintura, jeans desteñidos, y un paraguas que luce algo raro en sus manos, es una imagen rápida pero suficiente para que W comente enseguida: -Ese sujeto tuvo el mundo en sus manos, y no hay nada mas peligroso que un boxeador con el mundo entre ellas, no le quedo de otra que cogerlo a golpes hasta no dejar nada. A algo hay que golpear en esta vida, le dije. No había terminado de asimilar su brillante comentario cuando me tumba al piso de una sola pregunta:-Y dime algo, cuando llegaste a bogota?-El 9 de junio de 2004, contesto casi como un autómata, como una frase que ha sido grabada una y otra vez a lo largo de una cinta, como si recitara mi nombre completo o el numero de la cedula o la fecha de mi nacimiento, datos que la memoria ha impuesto. Pienso que uno no debería guardar registros exactos de nada, si acaso un agradable recuerdo de la infancia o la adolescencia. Pero el hecho de rememorar una fecha equis, poder reproducirla con tal exactitud, hasta develar sus mas íntimos detalles, una descripción metódica de aquel día, el clima que hacia por ejemplo, las nomenclaturas de algunos edificios, frías voces a través de citófonos diciendo “lo sentimos no podemos ayudarlo”, “váyase por favor o llamaremos a la policía”, “El señor Hat salio de viaje esta misma tarde, deje su nombre y le daré su mensaje”…Todas esas voces e imágenes indican que algo sucedió, que la cinta aun no se ha borrado, que algo muy dentro hizo bang! Y ese eco aun resuena, que al igual que a una res la vida te puso un atizador encendido en el cuero para que no se te olvidara nunca, y mi marca decía 9 de junio del 2004.-Te pasa algo, otro cigarrillo? dice WAl escucharlo hablar, al oír ese tono de preocupación en su voz, la forma en que me brinda fuego para encender mi cigarro, como diciéndome, calientate un poco, me hace pensar que si talvez me hubiese encontrado por accidente a W aquel día.. si a lo mejor… No!, Bogota ya me tenia preparada una inolvidable bienvenida, pero aun no es tiempo de contar esa historia, necesitaría una caja entera de largos y fuertes cigarrillos, por cada aspirada ir soltando en el papel palabra por palabra como filosas agujas y luego vaciar una bocanada de humo negro , como el humo de una chimenea en la que quemáramos cartas y fotografías de alguien a quien realmente odiemos, y mi odio tiene nombre propio, el nombre de un respetable señor de la literatura colombiana, un maldito hijo de puta que me dejo solo en las fauces de una ciudad que no logro engullirme por completo, una ciudad que me otorgo las oscuras credenciales como para escribir un libro completo, un libro al que llamare: “EL SUCIO SEÑOR HAT”.-Cariño, dijiste que me ibas a contar una historia y si apenas has hablado desde que llegamos.-Dice WLos moteles Bogotanos, al menos los del centro, son unas ratoneras inmundas, a través de una diminuta ventana en esta habitación, veo claramente la séptima atestada como siempre. Es curioso, pero entre la multitud de gentes distingo un par de rostros conocidos. A diferencia de otros sujetos con los que me he tropezado una tarde lluviosa y con las tripas pegadas al estomago, W es el único a quien le he contado que escribo, es un tipo sensible y al menos no huele mal, no carga ese olor a trapos mojados que se traen encima esos señores Bogotanos, tacaños del diablo que se la pasan merodeando de un lado a otro viendo que se pillan por unas cuantas monedas.-Porque preferiste venir a este lugar, podríamos haber ido a otro mas limpio siquiera-Dice WCon la misma frecuencia con que iba a museos, iglesias o parques, mi curiosidad me condujo a todo tipo de antros: saunas, scorts, discotecas y los famosos y no muy agradables videobares del centro, salones hediondos a desinfectantes, pequeños compartimentos de proyección de pornografía en donde te la mamaban por veinte mil pesos. Húmedos laberintos tan oscuros como una boca de lobo, el templo del sexo rápido en una ciudad rápida y despiadada. Y en aquella felposa oscuridad el agazapado rumor de una presencia, algún marica que suelta su vaho de animal sofocado y te dice “ven” y el videobar es para eso, para “ir” cuando alguien dice “ven”, sin cruzar una palabra, sin decir absolutamente nada, porque en segundos tienes la boca atorada con el paquete adentro bombeando su rigurosa marcha. “Ay amor pero quisiera ver tu rostro”, y para que un rostro en un lugar como ese!, en una ciudad como esta, si desde que llegaste a Bogota te has llamado Efraim, Alejandro, Fernando, y nunca te has molestado en dar las gracias cuando te extienden el billetito azulado o haces de tripas corazón y te llevas hasta el ultimo peso que tienen en los bolsillos.-Ven aquí conmigo Alejandro-Dice W.Quince minutos más tarde:-No has dicho nada, estuvo así de mal?-Tan solo pensaba, dije mientras rozaba una húmeda mancha de semen sobre la sabana.-En que pensabas?-En aquella vez que estuve preso, un galpón asqueroso al que llaman la URI, me pregunto si tú me hubieses ido a buscar, si me hubieses llevado algo de comer, si de pronto….En pocos minutos W se había vestido y se despedía algo nervioso argumentando un asunto pendiente, pude ver por la pequeña ventana de la pieza como se alejaba calle arriba un poco mas tranquilo, creo que no debí mencionar el asunto de la cárcel, pero ya era demasiado tarde, y en verdad que lo era!, así que baje y toque el timbre de salida, la encargada del hostal, una mujer corpulenta con el rostro forrado en una gruesa bufanda de lana me dice en una voz amortiguada;-Su amigo dejo la habitación paga hasta mañana al mediodía, pero solo hasta el medio día, siguió murmurando algo que no entendí, mientras abría la reja-Esta bien-dije-solo voy por cigarrillos enseguida vuelvo. Pero no lo hice.

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